El talismán que acompañó a Augusto Sanz en sus dos victorias en el Rally Dakar
El argentino, navegante de la neerlandesa Puck Klaassen, en el tercer tramo de la competencia que se celebra en Arabia Saudita. Como en 2023, en 2026, un hecho lo acompañó en el triunfo.

Hay triunfos que se cuentan con tiempos y clasificaciones, Y otros que se sienten en la piel, aunque pasen a más de 13 mil kilómetros de casa. El que consiguió Augusto Sanz en la Etapa 3 del Rally Dakar 2026 pertenece a ese segundo grupo.
En AlUla, Arabia Saudita, el navegante argentino volvió a ganar en la carrera más dura del planeta, como en 2023, acompañado por un talismán familiar que volvió a decir presente.
Pasaron exactamente 1.090 días desde aquel 12 de enero de 2023, cuando el nombre de Sanz quedó grabado para siempre en la historia del Rally Dakar. Aquel día, casi sin aviso, tras ingresar a último momento en la lista definitiva de participantes, el argentino se quedó con la Etapa 11, que unió Shaybah con Ardah, en pleno Empty Quarter, tras recorrer 427 kilómetros de arena pura.
LA PRIMERA CONSAGRACIÓN, POR LA VENTANA
En esa primera consagración, Sanz navegaba en la categoría Challenger (T3) junto al portugués Ricardo Pórem, sobre un Yamaha del equipo X-Raid. El tiempo total fue de 3 horas y 19 minutos, suficiente para firmar una victoria tan inesperada como memorable de un tramo que unió Shaybah con Ardah, unos 427 kilómetros de arena por el desierto del Empty Quarter.
Pero el dato que quedó para la anécdota fue bien criollo: para proteger el ventilador y parte del sistema de mangueras del UTV, Augusto improvisó una bandeja de aluminio tomada del comedor del campamento, una solución casera que terminó siendo clave para soportar el castigo del desierto.
EL PRIMER TALISMÁN, PAPÁ HÉCTOR
Ese triunfo ya era histórico, pero aún faltaba la escena más emotiva. Sin que nadie del equipo lo supiera, Héctor “Pipi” Sanz, su padre, pidió permiso para acercarse al X-Raid y esperó el arribo del vehículo. Cuando Augusto bajó del auto, entre saludos y festejos, apareció el abrazo.
Padre e hijo fundidos en una emoción que atravesó el vivac y viajó directo hasta la Argentina, para un momento familiar inolvidable.

“Pipi” fue —y sigue siendo— parte esencial de la semilla que germinó en Augusto: el amor por las motos, la velocidad y la vida de campo en Parada Robles, la localidad bonaerense donde nació el navegante.
EL AMULETO DE 2026
Con la llegada simbólica de los Reyes Magos en este Dakar 2026, Sanz volvió a recibir su regalo. Junto a la neerlandesa Puck Klaassen, se impuso en la Etapa 3, tras una jornada durísima. No salieron a buscar la victoria a cualquier costo: la premisa fue cuidar el auto, administrar el ritmo y mostrar, cuando se pudiera, el potencial del KTM X-BOW del G Rally Team (Grallyteam G-ECKO).
El resultado fue un primer puesto que cerró el martes con doble festejo: la medalla de ganadores de etapa del Dakar y una segunda presea válida por el Campeonato Mundial de Rally Raid (W2RC).
En la ceremonia, Sanz no estuvo solo. Como hace 2 años, 11 meses y 25 días, volvió a aparecer el talismán familiar.
Esta vez fue su hermano Joaquín, quien llegó con respeto a la zona del equipo para abrazar al menor de los Sanz.

El mayor de los dos, comanda en este Dakar el camión “E53” de la Energy Station Red Bull Desert Wings, un DAF neerlandés azul que funciona como hospitality, base operativa y refugio del equipo en plena carrera.
En las redes sociales, ambos hermanos sellaron el momento con un mensaje tan simple como potente: “Sueño cumplido”. Y Joaquín agregó: “Ganador de la etapa”.
Mientras tanto, desde Parada Robles, la emoción se multiplicó en casa: papá Héctor, mamá Karina, su hermana Agustina y, desde el sur argentino, Martina, la compañera de vida del “Galgo”, celebraron un triunfo que se sintió igual de fuerte en Arabia Saudita que en la Argentina.
La competencia recién transita la Etapa 3 y queda más de la mitad del Dakar por delante. Pero Sanz y Klaassen ya hicieron mucho más que ganar: confirmaron un proyecto deportivo trabajado durante toda una temporada y consolidado ahora de la mano de KTM.
Y dejaron claro que, en esta familia, los talismanes siempre empujan una marcha más. Como la que los llevó, otra vez, a lo más alto del Rally Dakar.