Para emocionarse: Juan Cruz Yacopini y un encuentro inolvidable con su navegante
El piloto mendocino se reencontró luego de casi tres meses con el español Dani Oliveras, su acompañante, quien lo visitó mientras se rehabilita de su accidente sufrido a finales de diciembre.

Fue un reencuentro sencillo y gigante a la vez, con un leve apretón de la mano izquierda de Dani Oliveras en la de Juan Cruz Yacopini, y después el gesto del español —con su derecha en la cabeza del argentino— sellaron una escena que no necesitó palabras para explicar lo que había en el embiente. Fue amistad, gratitud y esa bandera común de seguir, aun cuando el cuerpo obliga a frenar para el argentino, tras el accidente que tuvo en su provincia natal durante vacaciones.
Oliveras visitó al mendocino en la clínica Fleni, en el barrio porteño de Núñez. El propio Yacopini dejó la habitación y salió al hall para recibirlo, como si por un instante el lugar se transformara en otro escenario y no el de la competencia, sino el de la vida real.
Y en ese camino, en ese “paso a paso”, volvió a aparecer la misma sociedad que tantas veces se vio en carrera, la de dos campeones del mundo de Bajas FIA, que habían celebrado en Diciembre en Uzbekistán y que la vida los reencontró, como en el vivac o en el auto, pero esta vez con un objetivo distinto y más profundo.

Después del abrazo y el impacto del momento, Yacopini le dedicó unas palabras a su navegante, con el tono de hermandad que los une y una promesa con sonrisa incluida:
“Siempre a mi lado derecho, hermano. ¡Qué pedazo de visita! Te prometo que voy a cambiar esta sillita por el auto de nuevo, jaja”, aseguró el mendocino.
Y enseguida lo resumió con una frase corta y directa: “Te quiero mucho, Dani Oli”.
La respuesta de Oliveras llegó con la misma calidez y con esa energía de equipo que no se negocia, ni siquiera lejos del desierto y la hoja de ruta:
“Qué ganas tenía de verte, escucharte y notar la energía que siempre desprendes. Te quiero, amigo. ¡A seguir!”, devolvió el español.
Yacopini continúa su rehabilitación en Buenos Aires, rodeado del afecto de su familia —que no se despega un minuto— y del acompañamiento de un mundo del rally raid que lo abraza a la distancia.
Pero en este capítulo, el mensaje quedó clarísimo: con su navegante al lado, como en la vida misma y como al lado del auto en carrera, el camino se hace más llevadero… y también más fuerte.