Las locuras de Garrafa Sánchez, el Loco, a 20 años de su última gambeta
Construyó su carrera a fuerza de lujos y locuras adentro y afuera de la cancha. De tirar caños en su primer clásico, hasta correr desnudo por la ruta 21 en su última pretemporada, sin olvidar el día que Gallardo y Simeone se preguntaron quién era ese viejo. El recuerdo a 20 años de su partida.

José Luis Sánchez, el Loco, Garrafa, el Gordo, fue uno de los últimos enganches del ascenso que trascendió las fronteras del barrio. Sus anécdotas y locuras, con la pelota y sin ella, delinearon el mito que aún vive en muchísimas anécdotas. A 20 años del accidente que le quitó su vida y dejó un vacío en el fútbol argentino, un pequeño repaso de algunas de sus historias poco conocidas.
Un ascenso desde el cielo
Cuando Garrafa murió, esa temporada, como si fuera una maldición, Laferrere descendió a la Primera C. Ese calvario duró hasta el 2023, 17 años. El día del ascenso, luego de esperar resultados en otras canchas, el pueblo villero regresó al estadio para festejar. Entre la multitud, un chico de 16 años caminaba y miraba al cielo.
Era su primera vez en la cancha, no había querido ir nunca a ver al club de su papá. El hijo de Garrafa que estaba en la panza de la madre cuando sucedió el accidente, sólo dijo “Vamos Verde carajo” y se puso a llorar. Creer o reventar, dice la frase. Los hinchas de Lafe están seguros que Garrafa fue quien terminó con la maldición a través de su hijo.

Sorpresa en el Monumental
A mediados del 2001, cuando ya había ascendido con Banfield fue a ver un River-Emelec por Copa Libertadores. Le tiraba la banda roja y sobre todo Andrés D'Alessandro. Fue con una credencial de periodista, llevado por un amigo periodista. Fue hasta el vestuario caminando por el anillo y cuando lo vio Alfredo Dávicce, vicepresidente, lo quiso invitar a un palco directo. No quiso. “Estoy con un amigo que dice que trabaja”, le respondió entre risas.
Se apoyó en la pared y enseguida se le acercaron varios hinchas. Garrafa no entendía nada y sólo estiraba el cuello para ver si asomaba D'Alessandro. Cuando el Cabezón bajó de la concentración, lo vio y lo encaró: “Pelado, sos un crack, tengo un poster tuyo”. Garrafa se puso colorado y no se animó a pedirle la camiseta.
Un tiro al aire y no todo es un gol
Donde no tenía vergüenza nunca era en la cancha. Había una jugada que le gustaba hacer siempre desde las inferiores. Cuando alguien le pegaba un pelotazo alto al balón, él se desesperaba para ir a ponerse abajo y hacer el gesto de un disparo para que la pelota se duerma en su zurda. Una vez lo hizo contra Chacarita y casi lo cuelgan a patadas.
Ya a los 15 años estaba un poco loco. Cuentan los pibes que jugaron con él en esos años que fue el primero en jugar con calzas de colores y que a veces se aburría e iba a agarrar la pelota al área propia, se la sacaba al arquero y jugaba a llegar al otro lado sin que se la saquen. Pudo haber hecho goles maradoneanos, pero no le interesaba. A veces daba la vuelta y volvía a su propia área.

Ese viejo y la moto
Es conocida la anécdota de cuando la rompió en un prueba en el Boca de Carlos Bilardo y no quedó porque se fue con una moto. “Acá no llega el 86”, le dijo al Tata Brown en referencia a la línea de colectivos que pasaba por Laferrere. No fue más o no lo llamaron más porque al Doctor no le gustaban los jugadores que usaban moto y Garrafa era fanático de las dos ruedas.
También trascendió cuando Gallardo y Simeone lo enfrentaron en una práctica con la Selección estando en el Porvenir y se preguntaron quién era ese viejo que los estaba bailando. Fue en el 97 a puertas cerradas y cuentan que de la mano de Garrafa, que tenía 24 años, poco pelo, pero mucho potrero, el Porve le ganó a la selección nacional que dirigía Daniel Passarella. El resultado de esa práctica se ocultó para evitar repercusiones negativas.

Te hago un gol sacando del medio
El modo en que llegó a Gerli desde Laferrere es muy Garrafa. El último partido con el Verde fue el 5 de julio de 1997 en la cancha de los Andes frente a El Porvenir. La semana anterior, en el primer cruce de un octogonal, no jugó por estar suspendido y el Verde perdió 2-0. Caliente por la derrota, encaró a Ricardo Calabria, técnico de El Porve, y le dijo: “La revancha te la gano yo y te voy a hacer un gol cuando saquemos del medio, cagón”.
Calabria lo trató de fracasado. Al partido siguiente, fue al sorteo para sacar del medio, lo ganó. Se la tocaron cortita y encaró. Gambeteó a tres jugadores y cuando se iba a meter al área, lo bajaron de una patada. No había pasado ni un minuto y de tiro libre puso el 1-0. Fue y se lo gritó en la cara al entrenador del equipo de Gerli. Laferrere hizo tres goles, pero recibió uno y quedó eliminado. Al final Garrafa fue derecho a encarar a Calabria, el 10 lo abrazó, lo felicitó y escuchó a Calabria: “Vas a jugar conmigo la temporada que viene”.

Le hago hacer un gol a todos los capangas
El 3 de septiembre del 2000, Garrafa Sánchez debutó en Banfield ante Nueva Chicago. La semana anterior, en la primera fecha del torneo, el equipo había perdido contra Quilmes 3-0 y no pudo estar por una lesión. En la previa a su debut, había dudas sobre su condición física luego de casi un año sin jugar por la enfermedad de su padre.
Incluso en la interna del plantel las cosas no eran las mejores con Garrafa, porque todos lo miraban de reojo. Mientras le hacían masajes llamó a un amigo, lo hizo pasar al vestuario y le dijo: “Hoy hago que los aplaudan a todos los capangas y me guardo un golcito para mi, pero primero que festejen ellos, así se dan cuenta que me trajeron para ascender”.
Hasta Javier Sanguinetti hizo un gol. También Andrés San Martín, un doblete, y el Gato Leeb. Eran todas las figuras del plantel. Garrafa anotó uno de penal, siempre al otro lado de donde se tiraba el arquero. Fue la gran figura del partido y ese día arrancó el amor incondicional de los hinchas del Taladro, que lo tienen como uno de sus ídolos.

Yo no estoy gordo
Su última locura fue pocos días antes de su muerte, acaecida el 8 de enero de 2006. Estaba de pretemporada en Laferrere y había escuchado que decían que estaba gordo y fuera de estado. Había llegado unos meses antes, en 2005, libre de Banfield, para cerrar su carrera en el club donde arrancó. El equipo iba en un micro hacia el predio para cumplir con las actividades físicas habituales.
Pidió que el ómnibus se detenga a mitad de camino sobre la ruta 21. Se sacó toda la ropa y sólo con las zapatillas puestas, les dijo a todos “Yo arranco a correr desde acá”. Se bajó y corrió por el costado de la ruta mientras los autos que pasaban le tocaban bocina y lo saludaban.

Las hormigas no te mueven la pelota
Siempre le preguntaban a Garrafa por el tema de los penales y como hacía para que no le adivinen la punta. Su explicación era la siguiente: “Vos pones la pelota en el punto del penal, la acomodás bien y listo, para que la vas a seguir mirando. Las hormigas no te la van a correr, la pelota no se va a ir. No entiendo a los jugadores que van corriendo y la miran como si se la fueran a sacar, Hay que mirar al arquero, porque es el único que te la puede sacar”.
Pero hubo una vez que hizo todo eso y se la atajaron. Fue Marcelo Elizaga, el arquero de Quilmes en un partido de la fase regular. "Fue suerte" dijo. El mismo Elizaga lo tuvo enfrente en la final y tuvo razón Garrafa, porque cuando hubo un penal, el 1 de Quilmes fue para un lado y la pelota para el otro.