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21-05-2026 23:52 - Boxeo-Aniversario

Galíndez: la noche de coraje que le permitió sacar chapa de ídolo

El sábado 22 de mayo de 1976, es decir hace 50 años, el boxeo argentino vivió una jornada inolvidable, más allá de la muerte de Oscar Ringo Bonavena. Ese día, Víctor Galíndez retuvo el título mundial AMB de la división semipesados, al conseguir un triunfo épico sobre Richie Kates. Del dolor a la gloria en una misma pelea

Autor: DeporTV
Por Adolfo Morales
21-05-2026 | 23:52
Foto: Revista El Gráfico. Galíndez y el gesto de dolor tras el choque de cabezas. Después fue desahogo tras una victoria épica sobre Kates
Foto: Revista El Gráfico. Galíndez y el gesto de dolor tras el choque de cabezas. Después fue desahogo tras una victoria épica sobre Kates

Un corte en forma de L en la ceja derecha, la sangre brotando a borbotones y estampándose en la camisa de un árbitro contemplativo, un gancho de izquierda que impactó en el lóbulo y derribó al oponente. Postales de una tarde-noche de Johannesburgo en la que un púgil sacó patente de ídolo para el ámbito deportivo argentino. 

Víctor Emilio Galíndez experimentó en Sudáfrica la mejor jornada de su trayectoria como campeón mundial semipesado de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) aquel sábado 22 de mayo de 1976.

Hace cincuenta años, entonces, el bonaerense venció por nocaut en el decimoquinto round al retador estadounidense Richie Kates y resolvió exitosamente la quinta defensa de un título que había alcanzado en diciembre de 1974, cuando superó en el Luna Park a Len Hutchins. 

Claro que, para llegar a ese final que le terminó deparando una victoria épica e inolvidable, el oriundo de la localidad de Vedia tuvo que transitar un camino tortuoso, con obstáculos. Pero también con personajes que se transformaron en circunstanciales aliados y le tendieron una mano para brindarle una última oportunidad. 

Previamente, buena parte de los protagonistas de esta historia que quedó marcada a fuego en el pueblo boxístico argentino mantuvieron un secreto que hoy sería imposible de ocultar. Por casi ocho horas, el promotor Juan Carlos ‘Tito’ Lectoure; los doctores Roberto Paladino y Norberto Bianchi, más todos los enviados especiales de los medios argentinos omitieron contarle a Galíndez lo que había sucedido en la madrugada del sábado en el estado de Nevada, en los Estados Unidos.  

Foto: Revista El Gráfico. Antes del choque de cabezas, el retador dominaba el centro de la escena
Foto: Revista El Gráfico. Antes del choque de cabezas, el retador dominaba el centro de la escena

William Ross Brymer, un guardaespaldas del empresario del juego, Joe Conforte, había asesinado de un escopetazo a Oscar ‘Ringo’ Bonavena, auténtico emblema del boxeo argentino de la década del ’70, además de consejero y amigo de Víctor.

Luego de una reunión realizada en el hotel Landsroot de Johannesburgo, antes de partir hacia el Rand Stadium, se convino no comentar ni una palabra de lo sucedido en la ciudad de Reno para “no alterar el estado anímico” de un Galíndez muy propenso a los bajones ante circunstancias adversas. Las herramientas que en estos tiempos ofrece la tecnología como telefonía celular, redes sociales o el avance de las telecomunicaciones hubiese tornado imposible ocultar la desdichada noticia. 

El periodista Enrique Cherquis Bialo, fallecido en marzo último, resultó el enviado especial de la revista El Gráfico y resumió con su pluma prodigiosa lo vivido en Sudáfrica en el libro “100 años de boxeo argentino en 12 combates legendarios”

Foto: Revista El Gráfico. La sangre brotando de la cara. El argentino obtuvo un recordado triunfo por nocaut
Foto: Revista El Gráfico. La sangre brotando de la cara. El argentino obtuvo un recordado triunfo por nocaut

El tercer asalto desarrollado en la pelea estelar de la velada en el Rand Stadium estremeció a los 42.125 espectadores presentes. Un choque de cabezas provocó un corte en forma de L, “con mayor longitud horizontal que vertical sobre la ceja derecha” del campeón mundial. 

La lucha se interrumpió por el incidente y las luces del estadio se encendieron. Parecía que la lectura de las tarjetas (hasta allí favorables al retador) marcarían el pulso del combate. 

Sin embargo, el árbitro sudafricano Stanley Christodoulou “no se dejó impresionar” por la magnitud del corte y otorgó el visto bueno para seguir. 

Tampoco se conmovió Clive Noble, médico de la Comisión de Transvaal, que precisó que el argentino “está para seguir un round más”, independientemente de la sangre que le brotaba de la herida. 

Y el propio ‘Tito’ Lectoure, un avezado zorro en eso de manejarse en situaciones incómodas, confió en el coraje de su pupilo y ni siquiera evaluó la posibilidad de arrojar la toalla o invadir el cuadrilátero para decretar la automática derrota del campeón. 

Así las cosas, Galíndez, con su determinación y guapeza, refrendó y aprovechó la ocasión que le estaban brindando: “Me duele, no veo nada, Tito. Pero de aquí me bajan muerto, ajústeme los guantes”, le dijo a Lectoure

Después de tres minutos de interrupción, la pelea continuó y -paradójicamente- el espíritu de Galíndez torció definitivamente el desarrollo a su favor. 

El campeón mundial pasó al ataque, a pesar de las adversidades y que solamente veía un bulto cada vez que se trasladaba sobre el ring. 

Entre el cuarto y séptimo asalto aquellas miradas de horror se transformaron en vivos mensajes de admiración”, contó Cherquis Bialo. 

El argentino no cejaba en su esfuerzo, castigaba sucesivamente con derecha e izquierda y empezaba a inquietar a un Kates que quedó -prácticamente- inmóvil ante la guapeza de su rival. En el séptimo round, Galíndez conectó una mano que derribó al retador norteamericano y la cuenta de 9 segundos, coincidente con el tañido de la campana, salvó al boxeador de Nueva Jersey.  

La sangre derramada había mermado, aunque ya había dejado rastros evidentes de una herida profunda. De hecho, la camisa del árbitro Christodoulou lucía manchada de rojo en sus mangas, porque allí se apoyaba el argentino para intentar menguar el dolor. 

Foto: Revista El Gráfico
Foto: Revista El Gráfico

Galíndez venía ganando en las tarjetas, aunque la faena -cual torero- tuvo un remate de excepción. A falta de doce segundos para la finalización del decimoquinto y último round, el campeón mundial envió una izquierda plena al mentón de Kates, que cayó de espaldas con los ojos cerrados. 

El árbitro contó hasta 10 y decretó la victoria de un campeón mundial que festejó moviendo ampulosamente el puño derecho hacia abajo, en una inequívoca muestra de desahogo por tantos infortunios atravesados, en esos casi 45 minutos de lucha titánica. 

Más allá de la victoria consumada lo que siguió en los vestuarios del Rand Stadium representaron imágenes vinculadas con la angustia y el dolor. No sólo por la herida que todavía no había sido suturada correctamente, sino también porque el doctor Paladino y el propio Cherquis Bialo le comunicaron el “escondido” crimen de Bonavena.

Ese sábado de mayo de 1976, la comunidad boxística argentina que -por esos años- tenía como ídolos a Carlos Monzón o Nicolino Locche agregó otro nombre a la lista, a partir del coraje y la entrega sin límites de un campeón mundial mediopesado que extendió su reinado -en su primer ciclo- hasta septiembre de 1978, cuando Mike Rossman lo batió en Nueva Orleans

Después, Galíndez recuperó el centro ante el apuntado Rossman en abril de 1979, aunque resignó la corona en noviembre de ese año, cuando fue derrotado por Marvin Johnson.

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