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21-05-2026 17:50 - Boxeo

Oscar "Ringo" Bonavena, el gran peleador de Parque de los Patricios, era asesinado hace 50 años en EE.UU.

Boxeador de peso completo, de gran carisma y dueño de una prolífica trayectoria en los cuadriláteros, supo pelear ante el gran Muhammad Ali, quien lo derrotó al cabo de 15 rounds. Tiempo después, viajó a Reno, Nevada, en busca de una revancha con "El Más Grande", pero se ligó con la mafia y murió baleado por un matón.

Autor: DeporTV
Por Leonardo Castillo
21-05-2026 | 17:50
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Quizás, el mismo temperamento que le permitió afrontar batallas épicas en el ring ante boxeadores como Muhammad Ali, Joe Fraizer, Jimmy Ellis, Floyd Patterson y Gregorio Peralta, le jugó una mala pasada en esa aciaga mañana de Reno, en el estado de Nevada, cuando intentó ingresar al prostíbulo Mustang Ranch sin pedirle permiso a nadie y haciendo gala de su guapeza de peleador forjada en el barrio porteño de Parque de Los Patricios, su terruño natal.

El 22 de mayo de 1976, el boxeador argentino Oscar Natalio “Ringo” Bonavena caía asesinado a los 33 años por un tiro de escopeta que le atravesó el corazón, en la puerta de un local regenteado por el mafioso Joe Conforte, quien se la tenía jurada.

La estrecha relación que el púgil mantenía con Sally, la esposa de este rufián que servía a los intereses de la organización criminal denominada como la familia Bonnano, constituyó el detonante para la ejecución de Ringo, víctima de una trama de hampones y tahúres que lo envolvió hasta causarle un trágico final.

De esa forma, acribillado a balazos en una región árida del Oeste de Los Estados Unidos, Bonavena, el hincha de Huracán, el hijo de doña Dominga y deportista extrovertido y carismático, encontró su final, hace 50 años.

Dejó un legado de casi 70 peleas como profesional en la categoría de Peso Completo y una trayectoria que le permitió convertirse en un ídolo popular que trascendía lo deportivo.

Infografía: Fernando Vilella
Infografía: Fernando Vilella

Es que Ringo supo codearse con el jet set, actuar en teatros de revistas y grabar discos como el álbum del Pío, que le produjo el mismísimo Ramón Palito Ortega.

Ringo también condujo un ciclo televisivo que se transmitía los domingos al mediodía por Canal 11: Los Ravioles de Doña Minga. 

Era un programa con el cual intentaba rendirle un homenaje a su madre, célebre amasadora de las pastas que una vez por semana almorzaba la familia Bonavena, en una especie de ritual plagado de la mejor tradición popular del Buenos Aires del Siglo XX.

El 7 de diciembre de 1970, el peleador de Parque de los Patricios había alcanzado el clímax de su popularidad, en el combate que libró ante el gran Muhammad Ali, en el Madinson Square Garden de Nueva York. 

Oscar calentó la previa del combate y tildó a Ali de “gallina” por haberse negado negado a servir como soldado en Vietnam, donde Estados Unidos libraba una guerra. 

Ringo le aguantó 15 rounds a The Greatest (El Más Grande), y tras la pelea le pidió perdón a su rival por generar controversia en la antesala del duelo. El argentino armó un show y Muhammad le dijo que estaba bien, que entendía ese juego.      

Supo codearse con el jet set, actuar en teatros de revistas y grabar discos, como el álbum de Pío, que le produjo el mismísimo Ramón Palito Ortega

Luego de esa digna pelea ante Alí –que recién en 1974 recuperaría el cetro mundial tras noquear a George Foreman en Zaire--, Bonavena intentó tener una revancha con el gran pugilista oriundo de Kentucky. 

Oscar creía que con una pelea como esa podía darle un gran cierre a la prolífica carrera que construyó en los cuadriláteros de Argentina y el mundo.

El tiempo pasaba y la chance de otro combate con “El Más Grande” no llegaba. Hasta que, a finales de 1975, luego de la victoria que Ringo obtuvo ante Raúl Gorosito en el Luna Park, llegó Buenos Aries un personaje que signaría trágicamente el final de sus días.

Joe Montano, un promotor de Puerto Rico mantuvo por esos días un encuentro con Ringo y lo convenció de firmarle un contrato de representación. El empresario boricua de dudosa reputación le aseguró al argentino que podía conseguirle una pelea con Ali.

 

VIVIR CON LA MAFIA, PELAR Y MORIR EN RENO

Pero Montano transfirió el contrato a Joe Conforte, un siciliano de 57 años que desde su adolescencia vivía en Los Estados Unidos y estaba casado con Sally Burguess, una sexagenaria.

Conforte regenteaba en Reno el Mustang Ranch, bajo las órdenes de la familia Bonnano de Nueva Jersey. El lugar era un prostíbulo de lujo donde también funcionaba un casino. La idea de la mafia que manejaba el lugar era convertir a Reno en una plaza que desplazara a Las Vegas como Meca del boxeo profesional.

Allí se trasladó Ringo junto a su amigo Julio Morales, y juntos adquirieron una casa rodante en la cual se afincaron en las afueras de Reno. 

Conforte había estado preso por extorsionar a un fiscal de Nevada, y durante su estadía en prisión debió poner a nombre de su mujer el Mustang Ranch. Por esa razón, Sally figuraba en el contrato de Ringo.

En este contexto, Bonavena realizó su última pelea, el 27 de febrero de 1976. Se trató de un combate ante el ignoto Billy Joiner, a quien Ringo venció por puntos, sin demasiado esfuerzo.

En esa pelea, Oscar notó que se encontraba en un sitio que nada tenía que ver con la cultura del boxeo en la cual se había forjado y formado como profesional.

Alrededor del ring instalaron mesas; unas minas daban vueltas por todos lados y la gente tomaba champagne y fumaban habanos. Un gran circo, viejo”, le contó por teléfono a un periodista que lo había llamado desde Bueno Aires para saber cómo le iba por los Estados Unidos.

Se quería ir, y Sally, con quien trabó amistad, lo convenció de quedarse. Le arregló un matrimonio con una de las mujeres que trabajaban en el Ranch llamada Daisy. Ese trato le permitió a Ringo conseguir un permiso de trabajo en el país de Norteamérica.

Daysy era novia de William Ross Brymer, el jefe de la custodia de Conforte que supo tener un pasado como boxeador. 

El matón no se llevaba bien con Bonavena, le tenía celos y un día lo desafió en el gimnasio. Ringo lo puso a dormir tras unos buenos golpes y se ganó un enemigo mortal.

Lo que hagas con mi mujer no me importa. Pero no te metas con mis negocios. Fuera de aquí.

Joe Conforte, furioso con Bonavena

 

La relación del argentino con Sally se hacía cada vez más fraterna, lo que despertó la ira de Conforte. A mediados de mayo, la mafia local inauguró otro prostíbulo en Reno. En medio de la fiesta, Bonavena tomó el micrófono, y entonado por el champagne abrazó a Sally y tomó el micrófono para hablarle a la concurrencia 

“Estamos felices de tenerlos en nuestra casa”, vociferó con palabras entrecortadas como si estuviera en una fiesta de casamiento que se celebraba en Parque Patricios o alguna que otra barriada porteña.

Furioso ante la escena que presenció, flanqueado por sus guardaespaldas, Conforte se le acercó al boxeador y le dejó un inequívoco mensaje: “Lo que hagas con mi mujer no me importa, pero no te metas con mis negocios. Fuera de aquí”. 

Los días de Ringo en Nevada estaban contados. Era cuestión de tiempo.

 

UN TRÁGICO FINAL EN NEVADA

Oscar comenzó a recibir amenazas, cada vez más intimidantes. Una noche, en la casa rodante que habitaba con Morales encontró destrozos y una mancha negra en el piso. Les habían quemado todos los documentos. 

Julio, su amigo, se sintió intimidado, con miedo y decidió irse de Reno al día siguiente. Ringo entendió días más tarde que no podía seguir en ese lugar. 

Sacó pasajes para viajar a Los Ángeles y desde allí se tomaría un vuelo a Buenos Aires. El pasaje tenía fecha para el 23 de mayo.

Dos días antes, hubo un incidente. Bonavena recibió una llamada cuando estaba jugando en un casino de la zona. ¿Hubo un hecho de violencia hacia una mujer que no podía dejar pasar? ¿Una provocación? ¿Una trampa?

Lo cierto es que, en la madrugada del 22, Ringo se hizo presente en el Mustang Ranch. Le dijeron que se fuera, que no lo iban a dejar a entrar. 

Desde una torreta, Bryner le disparó con un rifle Remintong 30-08, un arma utilizada para cazar elefantes, y le dio de lleno a Ringo a la altura del corazón. Bonavena caía muerto, asesinado a manos de sicarios mafiosos.   

La noticia causó conmoción en Argentina, gobernada por un régimen cívico militar que comenzaba a desarrollar un plan sistemático de desaparición forzada de opositores políticos.

Ese mismo día, en Sudáfrica, Víctor Galíndez, cortado y totalmente ensangrentado, le ganaba por knockout en el round 15 a Richie Kates en un combate memorable.

El domingo 23 de mayo, Huracán, el cuadro de Ringo, jugó como local ante Colón y le ganó por 4 a 2. Los jugadores de El Globo jugaron con un brazalete negro, en señal de luto.      

Los restos de Bonavena llegaron una semana después a Buenos Aires y fueron velados en el Luna Park. Una multitud de 150 mil personas desfiló ante su féretro en un hecho de masas inédito para un país que se encontraba bajo estado de sitio y sometido a una cruda represión ilegal.

Dora Raffa fue el gran amor de Oscar. Al momento del asesinato, la pareja estaba virtualmente separada. Eso no le impidió a la mujer a iniciar un juicio civil contra Conforte, y por esa investigación se le descubrieron fraudes impositivos. El mafioso huyó a Brasil, donde murió impune en 2019, a la edad de 93 años.

El nombre de Ringo quedó grabada en la memoria de su barrio, y resuena en sus calles y en el estadio Tomás A Ducó, la casa de Huracán. “Somos del barrio/ del barrio de La Quema/ Somos del barrio de Ringo Bonavena”. Estrofas que evocan a un gran peleador del pueblo.             
 

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